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Calentamiento Global

Una de las explicaciones que más se están utilizando para los cambios que están teniendo lugar en nuestro planeta es el calentamiento global.


El informe del IPCC de 2007 llegó y se estrelló. Falló en pronosticar, sin embargo, la campaña continúo años más tarde alegando que la situación era peor de lo que esperaban. Pero, estas afirmaciones infundadas no podían durar para siempre y hace tres años, Phil Jones admitió a la BBC que estadísticamente no se había registrado un calentamiento global importante desde 1995. Incluso James Hansen, frecuentemente mencionado como el padre del calentamiento global, llegó a confirmar que el calentamiento global había hecho una pausa de una década, o de más.


Finalmente, el “invento” del calentamiento global como excusa de muchos de los fenómenos naturales extremos que están teniendo lugar en nuestro planeta, se derrumbó cuando Rajendra Pachauri, portavoz oficial del IPCC, confirmó en Melbourne que las temperaturas globales se habían mantenido estancadas durante 17 años.

Las cifras publicadas por Pachauri levantaron ampollas entre los científicos climáticos ya que revelaron que desde principios de 1997 y hasta agosto de 2012, no se había producido ningún aumento importante en las temperaturas globales. Esto significa que el calentamiento global se encuentra en una “pausa”. En otras palabras, que no existe.



Estos datos nuevos, recogidos de más de 3.000 puntos de medición en tierra y mar, existían “en silencio” en Internet, sin ninguna publicidad mediática, hasta que se hicieron público.

Entonces, ¿Por qué algunos siguen intentado explicar los cambios del tiempo con el inexistente calentamiento global?

En un artículo reciente, publicado en el Wall Street Journal “No Need to Panic About Global Warming”, un grupo de dieciséis científicos de excelente reputación echan abajo el alarmismo sobre el calentamiento global.

Este grupo de científicos han refutado las afirmaciones alarmistas sobre el calentamiento global en base a:



1. La falta de calentamiento global hace ya 10 años:

El hecho es que no podemos explicar la falta de calentamiento global en estos momentos. Pero el calentamiento global solo falta si uno crea modelos de ordenador donde las llamadas evaluaciones que implican vapor de agua y nubes amplifican enormemente el escaso efecto del CO2.

De hecho, la falta de calentamiento global durante más de una década, el escaso calentamiento que ha tenido lugar en los 22 años desde que el Panel Intergubernamental de la ONU sobre el Cambio Climático (IPCC) comenzara a emitir proyecciones exageradas sobre la cantidad de calentamiento adicional que puede ocasionar el CO2, son un auténtico fracaso. Frente a esta vergüenza, los que promueven la alarma han cambiado ahora su afirmación de calentamiento global a climas extremos, para que nada inusual que sucede en nuestro clima caótico pueda atribuirse al CO2.


Ola de frío que azotó Europa en diciembre de 2005. (Fuente: Antena3noticias)

2. El CO2 no es un contaminante.

El CO2 es un gas inodoro e incoloro, exhalado en altas concentraciones por todos nosotros, y un componente clave en el ciclo de vida de la biosfera. Las plantas viven mejor con más CO2. Esto no es una sorpresa, ya que las plantas y los animales evolucionaron con concentraciones de CO2 que eran 10 veces mayores que las que tenemos hoy en día. Las variedades de plantas, los fertilizantes químicos y el manejo de la agricultura han contribuido a un incremento en la agricultura del último siglo, pero parte de este aumento casi seguro se ha producido por una cantidad mayor de CO2 en la atmósfera.

3. Las campañas de difamación por el establecimiento sobre el calentamiento global son escandalosas.

Aunque el número de científicos disidentes sobre la teoría del calentamiento global está creciendo, muchos científicos jóvenes furtivamente dicen que mientras que también tienen serias dudas del mensaje del calentamiento global, tienen miedo de hablar públicamente al respecto por miedo a no ser ascendidos o peor. Y tienen buenas razones para preocuparse.

En el año 2003, el Dr. Chris de Freitas, editor de la Revista de Investigación del Clima, se atrevió a publicar un artículo revisado con la conclusión políticamente incorrecta (pero objetivamente correcta) de que el reciente calentamiento global no es inusual en el contexto de los cambios climáticos de los últimos miles de años.

Pronto hubo una campaña decidida a que el Dr. De Freitas perdiera su trabajo editorial y fuera  despedido de su puesto en la universidad. Afortunadamente, pudo mantener su trabajo universitario.

4. Incluso si uno acepta los pronósticos climáticos exagerados del IPCC, las agresivas políticas de control de gases de efecto invernadero no se justifican económicamente.

Un estudio reciente de una amplia variedad de opciones de política por el economista de Yale, William Nordhaus, demostró que casi se logra el ratio más alto de beneficio-costo con una política que permite a 50 años más de crecimiento económico sin impedimentos por los controles de gases de efecto invernadero. Esto sería especialmente beneficioso para las zonas menos desarrolladas del mundo a quienes les gustaría compartir algunas de las mismas ventajas de bienestar material, de salud y de esperanza de vida que disfrutan las zonas más desarrolladas del mundo. Muchas otras respuestas políticas tendrían un rendimiento negativo en la inversión. Y es probable que más CO2 y el modesto calentamiento global podría resultar en un beneficio global para el planeta.

Si los funcionarios electos se sienten obligados a hacer algo sobre el clima, se recomienda que apoyen a los excelentes científicos que están aumentando nuestra comprensión del clima con instrumentos bien diseñados en los satélites, en los océanos y en la tierra, y en el análisis de los datos de observación. Cuanto mejor comprendamos el clima, mejor podremos hacer frente a su cambiante naturaleza. Sin embargo, gran parte de la elevada inversión privada y de la inversión gubernamental en el clima necesita una urgente revisión crítica.

Esto no es como se supone debería trabajar la ciencia. Pero lo hemos visto antes, por ejemplo, durante el periodo de Trofin Lysenko, biólogo secuestrado en la Unión Soviética. Los biólogos soviéticos que creían en los genes eran despedidos de sus trabajos. Muchos de ellos, incluso fueron condenados a muerte.

Los científicos entonces abordan la cuestión fundamental de por qué hay tanta intolerancia y corrupción entre los defensores del calentamiento global, y la respuesta que dan tristemente es: “Siga el dinero”.

El alarmismo que hay sobre el calentamiento global es de gran beneficio para muchos, proporcionando fondos del gobierno para la investigación académica y una razón para las burocracias gubernamentales para crecer. Este alarmismo también ofrece una excusa a los gobiernos para aumentar los impuestos, los subsidios financiados por los contribuyentes para las empresas que entienden cómo funciona el sistema político, y un atractivo para donaciones a fundaciones de caridad que prometen salvar el planeta.

Algunos de los científicos considerados anteriormente como los más eminentes cuando se implicaron en promocionar el alarmismo sobre el calentamiento global han sido desacreditados tras haber sido “pillados” en actividades ilegales y nada éticas. Incluso antes del año 2009 (del escándalo del “Climategate”, o escándalo del correo electrónico), muchos científicos importantes que habían sido auténticos creyentes del calentamiento global provocado por el hombre, se pasaron al bando de los escépticos. Desde entonces, el número de científicos que ya no cree en el calentamiento global ha ido en aumento de forma exponencial.

El escándalo del Climategate, mostró que activistas climáticos de élite en universidades importantes y en otras instituciones, conspiraron para castigar a los científicos que se opusieran a sus puntos de vista y para evitar que pudieran publicar artículos en revistas científicas. Es más, se negaron a hacer sus datos públicos para que otros científicos independientes pudieran revisarlos, como pedían los procedimientos científicos genuinos, y cuando se vieron presionados sobre este tema, dijeron que las pruebas se habían “perdido”.

La estafa de consenso científico sobre el calentamiento global es uno de los fraudes más sorprendentes de toda la historia, no solo porque evidentemente es falso, sino también porque está siendo utilizado para propulsar el esquema más radical y autoritario de regimentación económica, social y político global, como no se ha visto en el mundo con anterioridad. Esto no es solo un debate científico teórico; la supuesta “ciencia” está siendo utilizada para impulsar políticas y legislación, a nivel global. Las políticas adicionales que ya han conseguido imponer han causado impactos devastadores, especialmente en las poblaciones más pobres del mundo. Las políticas adicionales que proponen causarían resultados aún más horrendos. Los científicos alarmistas insisten en decirnos que la “ciencia ha hablado”, y que debemos someternos al mandato de gobierno de las Naciones Unidas, que se determinará, por supuesto, por los científicos que siguen al pie de la letra las directrices de las Naciones Unidas, por una parte del IPCC…

Un gran número de reputados climatólogos, paleoclimatólogos, meteorólogos, físicos atmosféricos, geofísicos, oceanógrafos, geólogos, y científicos de prácticamente todos los campos, han retado las pretensiones del IPCC de la ONU y denuncian enérgicamente la politización de la ciencia del IPCC para promover políticas globales costosas y draconianas. Algunos de los críticos más severos del IPCC son científicos que han servido como autores principales y expertos revisores de los informes del IPCC y han sido testigos de la parte interior del sesgo flagrante y política disfrazada de la ciencia. Expertos antiguos y actuales del IPCC que han hablado en contra del abuso del IPCC de la ciencia, incluyen científicos prominentes como:

Dr. Richard Lindzen. Físico climático y Alfred P. Sloan, professor de Meteorología del Departamento de Ciencias de la Tierra, Atmosférica y Planetaria.

Dr. John Christy, climatólogo de la universidad de Alabama, en Huntsville, y de la NASA:

Dr. Lee C. Gerhard, antiguo director y geólogo estatal de la Sociedad Geológica de Kansas y científico emérito por la universidad de Kansas;

Dr. Patrick J. Michaels, antiguo climatólogo del estado de Virginia, revisor del IPCC, y profesor en la Universidad de Virginia de ciencias del medioambiente;

Dr. Vincent Gray, químico de Nueva Zelanda e investigador climático;

Dr. Tom V. Segalstad, geólogo/geoquímico, director del Museo de Geología en Noruega;

Dr. John T. Everett, anterior director del NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) y director de proyecto del Atlas de Océanos de las Naciones Unidas.

Los expertos arriba mencionados del IPCC representan solo una pequeña parte de los científicos implicados en el debate climático que se han tomado en serio ir en contra del alarmismo. Más de 31.000 científicos en los Estados Unidos han firmado una petición al gobierno de los Estados Unidos para rechazar las políticas del cambio climático propuestas por la ONU y por los extremistas medioambientales. El Proyecto Petición, organizado por el Dr. Arthur Robinson del Instituto de Ciencias y Medicinas de Oregón y el Dr. Frederick Seitz, anterior presidente de la Academia Nacional de las Ciencias, rechazan que exista cualquier tipo de consenso con respecto a un calentamiento global creado por el hombre como una crisis o una amenaza existente. Parte de la petición explica que:

Los límites propuestos sobre gases de efecto invernadero podrían dañar el medio ambiente, obstaculizar el avance de la ciencia y la tecnología, y dañar la salud y el bienestar de la humanidad. No hay evidencia científica convincente de que la liberación humana de dióxido de carbono, metano u otros gases de efecto invernadero está causando o será, en un futuro previsible, la causante de un calentamiento catastrófico de la atmósfera y de la alteración del clima de la Tierra.

Más de 1.000 científicos internacionales de renombre han ido más lejos; no solo han firmado la petición, sino que han hecho público afirmaciones que echan por tierra a los alarmistas del calentamiento global. Publicado en 2010, esta importante colección de afirmaciones es una actualización de un informe similar de 700 científicos, publicado por el Senador James Inhofe. Entre los más de 1.000 científicos que se unen, se incluyen:

Dr. William Happer. Profesor de Física del Cyrus Fogg Bracket, Universidad de Princeton;

Dr. Leonard Weinstein, 35 años en el Centro de Investigación Langley de la NASA y actualmente investigador en el Laboratorio Nacional de Lawrence Livermore;

Dr. Anatoly Levitin, director del laboratorio de variaciones geomagnéticas del Instituto de Magnetismo Terrestre, Ionosfera y Propagación de Radioonda en la Academia Rusa de las Ciencias;

Climatólogo Sueco, Dr. Hans Jelbring, de la Unidad Paleogeofísica y Geodinámica de la universidad de Estocolmo;

Burt Rutan, ingeniero de renombre, inventor, y pionero en aviación/espacial;

Dr. Willie Soon, astrofísico del Centro Harvard-Smithsonian;

Dr. Syun-Ichi Akasofu, profesor emérito de física, y Director Fundador del Centro de Investigación Internacional del Ártico de la Universidad de Alaska Fairbanks;

Dr. Bjarne Andresen, físico y profesor. The Niels Bohr Institute, Universidad de Copenhagen, Dinamarca;

Dr. Ian D. Clark, profesor de la Universidad de Ottawa, Canadá.

Nuevamente, los expertos antes mencionados solo representan una pequeña muestra de los distinguidos científicos internacionales que contradicen el llamado consenso científico sobre el calentamiento global.

Es importante tenerlo en cuenta, ya que los alarmistas del clima han hecho grandes esfuerzos en convencernos. Los alarmistas del IPCC y sus aliados de los medios nunca se cansan de decirnos que los informes del IPCC representan la opinión de 4.000 científicos del clima que apoyan el sentido de crisis y alarma del IPCC. Sin embargo, como explicaba John McLean en su estudio de 2009 “El IPCC no puede hacer un recuento de sus científicos expertos” Los números de colaboradores y autores están equivocados. Se hacen recuentos dobles de expertos, así como personal no científico que participaron en las evaluaciones de investigación. El análisis de McLean concluye que los 4.000 científicos que alega el IPCC en 2010 que afirman sus teorías, fue espectacularmente exagerado.

Según McLean solo 60 individuos apoyan las conclusiones del IPCC y no los 4.000 científicos que dicen. Una diferencia notable. La cuestión es que muchos de ellos han tardado en hacer público su escepticismo.

Hasta hace poco, los alarmistas del cambio climático definitivamente tenían la sartén por el mango. Por un lado, han estado bien organizados. Por otra parte, han dejado fuera de circulación a los realistas del clima. En 2007, el Senador James Inhofe, mostró que los defensores del calentamiento global habían disfrutado de una ventaja monumental de financiación. Los alarmistas habían recibido la friolera de 50 mil millones de dólares, en su mayoría por el gobierno federal, en comparación con unos míseros 19 millones de dólares de los realistas.

Un estudio de 2009 titulado “Climate Money”, llevada a cabo por Joanne Nova para el Instituto de Política de Ciencia Pública, encontró que el gobierno estadounidense había invertido 79 mil millones de dólares en actividades relacionadas con el cambio climático entre 1989 y 2009. Y este total no incluye la financiación masiva adicional de gobiernos estatales, fundaciones y corporaciones. Niveles similares de financiación se han invertido en países europeos y en Japón. Esta forma extravagante de gastar los fondos estatales en un campo científico nuevo ha creado una industria global del clima instantánea que es alimentada por el gobierno y es totalmente política. Sin embargo, estas sumas, por impresionantes que sean, representan solo la punta del iceberg del “dinero climático”, que tiene a las clases políticas jadeantes y salivando. Huelen, no solo miles de millones de dólares para la investigación y la tecnología, sino también cientos de billones de “deuda climática” externa, y trillones que se harán con los esquemas de límites máximos de comercio del CO2.

En el año 2006, James Lovelock, científico de la NASA, inventor británico y quien creó la Hipótesis de Gaia, se izaba como uno de los más creyentes en el calentamiento global. Ahora dice que sus predicciones fueron “alarmistas” y critica a sus anteriores compañeros por haber convertido el medioambiente en una “religión verde”.

El profesor Fritz Vahrenholt es otro herético reciente. Fundador del movimiento medioambiental de Alemania y director de una de las empresas más importantes de energía alternativa de Europa. “Durante muchos años, fui un defensor activo del IPCC y de su teoría del CO2”, dijo Vahrenholt en The Telegraph, “Sin embargo, una experiencia reciente con el panel de las Naciones Unidas, me forzó a revalorar mi posición. En febrero de 2010, fui invitado como revisor del informe del IPCC sobre energías renovables. El informe se llenó de errores y un miembro de Greenpeace editó la versión final. Estos métodos me chocaron. Pensé, si pasan estas cosas en este informe, también puede haber sucedido en otros informes del IPCC”.



Oleaje antes de la llegada del huracán Wilma (2005)

Sí, es cierto que la Tierra está experimentando cambios climáticos importantes. Que sufrimos olas de calor y de frío, que algunas regiones se enfrentan a fenómenos meteorológicos extremos inusuales y extremos, pero, ya no se le puede echar la culpa al cambio climático.

Cuarenta y nueve antiguos astronautas y científicos de la NASA han enviado una carta al director de la NASA, en la que solicitan que la NASA deje de apoyar la teoría no demostrada del Calentamiento Global, rechazan el Cambio Climático, y piden que publiquen los datos empíricos con los que cuenta la NASA desde hace ya un tiempo. De lo contrario, dicen, la NASA y sus empleados perderán toda credibilidad ante el público ante los tiempos que están por llegar.

Este grupo, entre los que se encuentran los siete astronautas del Apollo y dos antiguos directores del Johnson Space Center en Houston, han puesto en evidencia la negativa de la NASA, y específicamente del Goddard Institute for Space Studies, de sacar a la luz todos los datos científicos disponibles sobre el inexistente cambio climático.

Demasiadas mentiras. Pero, ¿por qué? Un ejemplo.

¿Por qué seguimos pagando más por nuestra factura de la luz?

Veamos tres preguntas que parecen no tener sentido, pero que sí lo tienen.

¿Cómo de más caliente se encuentra el mundo desde a) 1880 y b) principios de 1997? Y, ¿en qué afecta esto a la cada vez más cara factura de la electricidad?

Pues las respuestas pueden ser sorprendentes. Desde 1880, cuando se empezaron a guardar registros de temperaturas en la mayor parte del planeta, el mundo se ha calentado en unos 0,75ºC.

Desde principios de 1997 hasta agosto de 2012, por el contrario, según los datos que se han publicado, la respuesta es: cero. Datos procedentes de más de 3.000 puntos de registro en todo el mundo, demuestran que la subida de la temperatura ha sido plana: cero.

Pero, la respuesta a la tercera pregunta quizás sí que sea familiar. Las facturas suben en gran parte debido a las subvenciones que se les están suministrando a las industrias de energía renovables.

Es probablemente la razón principal por la que pagamos tanto en la factura de la luz. Y se supone que irá subiendo, debido a la convicción de muchos políticos de que hay que reducir la emisión de dióxido de carbono porque el calentamiento global aumentará, con consecuencias catastróficas de aquí a fin de siglo, cuando las temperaturas suban hasta 5ºC.

Con los numerosos proyectos gubernamentales de muchos países, que costarán billones, la noticia de que el mundo no se ha calentado durante los últimos 16 años ha caído como un shock. Un auténtico jarro de agua fría.

Hace que uno se cuestione cada punto del aspecto de las políticas energéticas y del cambio climático. Y, aunque es cierto que en algún momento de la historia del planeta, es posible que las temperaturas aumenten, según un número cada vez mayor de científicos climáticos de seria reputación, los modelos climáticos que se han estado utilizando durante años, prediciendo una catástrofe inminente, como el de la Oficina de Meteorología del Reino Unido y el Panel de Expertos en Cambio Climático de las Naciones Unidas, son incorrectos, y el clima es mucho más complejo de lo que pronostican los modelos.

Los ecosistemas de la Tierra están cambiando. Europa sufre lluvias torrenciales en su franja norte, mientras que la parte sur se enfrenta a épocas de sequía. Las plantas y los animales han modificado sus comportamientos para coincidir con los cambios de estación y con una primavera que se adelanta a su fecha habitual. Algunos animales han emigrado a otros países, la sequía y los fuegos cambian la orografía del terreno, los glaciares se derriten, las especies se extinguen...


Un oso polar durmiendo plácidamente. Desgraciadamente, la historia del oso es tan sólo una de las miles de especies que se encuentran actualmente en peligro. (Fotografía de Doreen Pendgracs).


Uno de los animales que más sorpresa ha causado es el oso polar. Uno de los depredadores más famosos del mundo natural ártico está en peligro. Su hábitat está desapareciendo a una velocidad alarmante y con él la especie del oso polar. El deshielo, los veranos más largos y los cambios de temperatura destruyen su hogar. A falta de comida y caminando por un hielo demasiado fino para soportarlo, muchos osos se han ahogado tras caer al agua. Las crías no tienen qué comer y duermen más de lo habitual. Cientos de osos polares han sido descubiertos recientemente, muertos.

Sí, es cierto que la Tierra está sufriendo una transformación, pero no es por el calentamiento global. El calentamiento global es un fiasco. Un gran engaño.




Bibliografía:

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Agencia de Protección Medioambiental de los Estados Unidos, EPA http://www.epa.gov
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Dirección Nacional del Antártico – Instituto Antártico Argentino http://www.dna.gov.ar
Centro Nacional de Nieve y Hiele (página en inglés) http://nsidc.org/
Agencia de Noticias en línea: http://www.20minutos.es/