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Teoría de la Congelación Extrema

El número de científicos que confirma la teoría sobre una congelación extrema va en aumento. El calentamiento del planeta podría sumir a Norteamérica y a Europa en una congelación profunda, probablemente en sólo unas pocas décadas.



 

 

 En la animación, la mancha blanca con mayor extensión corresponde al hielo existente en el Ártico en 1979. La retracción del hielo que se aprecia a continuación (disminución y cambio de ubicación de la mancha blanca) corresponde al hielo en el año 2003. Estos datos se aportaron gracias al Dispositivo de Imágenes de sensores por microondas del Programa de Satélites Meteorológicos del Ministerio de Defensa estadounidense (Special Sensor Microwave Imager, SSMI). La animación se ofrece por cortesía de la NASA http://ciencia.nasa.gov)
    

Mientras que algunos científicos se oponen a la teoría y dudan de que algo así pueda suceder, otros – como por ejemplo el Director y Presidente del Consorcio para la Educación e Investigación Oceanográfica Woods Hole, Robert Gagosian, creen que el cambio en las corrientes marinas puede tener lugar sin previo aviso y en un futuro cercano, probablemente dentro de un par de décadas. Esta nueva posibilidad nos hace recapacitar acerca de la teoría expuesta en una de las películas que suscitó mayor polémica en el mundo científico, “El Día Después de Mañana”. ¿Acaso la Tierra se está preparando para atravesar otra Edad de Hielo?

Fotograma de la película “El Día después de Mañana”.


Pero por mucho que esta Teoría parezca irreal y propia de la literatura fantástica, el mismo Pentágono se ha inmiscuido en su estudio. Años de investigación e inversión – que continúa hoy en día -  para comprobar los efectos del calentamiento global.  El veterano Andrew Marshall,  director del “Office of Net Assesment” del Ministerio de Defensa de los Estados Unidos y que se encuentra encargado de identificar los peligros a largo plazo que puedan afectar al país,  emitió un informe no confidencial, desclasificado,  en el que describía cómo un próximo cambio en las corrientes marinas podría comprometer la seguridad nacional en el futuro.

Andrew Marshall (por cortesía del Columbia Journalism Review: http://www.cjrdaily.org ).

Su informe, titulado “El escenario de un brusco cambio climático y sus consecuencias para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos”, fue mucho más allá de lo que esperaban los militares y resultó publicado a nivel nacional en la revista Fortune Magazine. Al parecer, se desconoce la reacción del Pentágono ante el Informe antes mencionado. Además, Andrew Marshall declinó hacer declaraciones al respecto.

Según el Científico principal del Centro Goddard de Vuelos Espaciales de la NASA, Donald Cavalieri, “es difícil predecir qué pasará realmente puesto que el Ártico y el Atlántico Norte son sistemas muy complejos, con muchas interacciones entre la tierra, el mar y la atmósfera”.

La descongelación del hielo marino que cubre el Ártico podría alterar o incluso detener las grandes corrientes del Océano Atlántico. Sin el inmenso calor que proporcionan estas corrientes marinas - comparables a la producción de energía de un millón de centrales nucleares - la temperatura media europea podría descender de 5 a 10 grados centígrados y algunas zonas de Norteamérica se enfriarían sólo un poco menos. Este cambio en la temperatura sería similar a las temperaturas medias del planeta hacia el final de la última era glacial, hace aproximadamente 20.000 años.

Los resultados de investigaciones recientes sugieren que los cambios que estamos observando en el Ártico podrían afectar potencialmente a las corrientes que calientan Europa del Este y esto preocupa a muchos.

No es sino preocupación lo que ha motivado a muchos gobiernos del mundo a iniciar investigaciones serias, costosas y de avanzada tecnología para averiguar más acerca del cambio climático global. La NASA cuenta con varios satélites que funcionan día y noche vigilando la capa del hielo Ártico. Por ejemplo, el satélite Aqua, transporta un sensor (con tecnología japonesa) llamado Radiómetro avanzado de barrido en microondas-EOS, penetrando las nubes y vigilando la capa de hielo incluso de noche.

 

 

 Imagen del huracán Wilma generada por datos aportados por el AIRS (los instrumentos de Aqua), el 20 de octubre de 2005. En ese instante, Wilma se encontraba a 255 kilómetros al sur-sureste de Cozumel en México y se dirigía suavemente hacia la Península del Yucatán. Se le consideraba un huracán de categoría 4 en la Escala de Saffir-Simpson. (Fotografía por cortesía del Proyecto Científico Aqua, del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA).

 

 

 

Aqua fue lanzado al espacio el 4 de mayo de 2002 y contiene seis instrumentos para observar la Tierra mediante la recopilación de datos globales.

 Fotografía que muestra las grietas en un glaciar indicando la ruptura futura del mismo. (Por cortesía de S. Tojeiro, de la Fuerza Aérea Argentina. 13 de marzo de 2002).

Las imágenes captadas por el satélite muestran un descenso claro del hielo del Ártico, que ha estado disminuyendo, desde que se comenzó a estudiar a partir de 1978, a un promedio de un 9% por década. Según datos más actuales, el índice por década se sitúa en un 14%, lo que sugiere que la desaparición del hielo del Océano Ártico se está acelerando.

Si el hielo del Ártico se funde, añadirá una cantidad considerable de agua dulce al Atlántico Norte, cantidad suficiente para interferir con las corrientes marinas y aumentar la lluvia y la nieve de la región.

Pero, ¿por qué se incrementa la lluvia por el deshielo?

La capa de hielo que se contrae deja al descubierto una mayor cantidad de superficie oceánica, permitiendo que una mayor cantidad de humedad se evapore en la atmósfera y dé lugar a un mayor número de precipitaciones.

Además, debido a que el agua salada es más densa y pesada que la dulce, este “endulzamiento” del Atlántico Norte haría que las capas superficiales se vuelvan más livianas y esto sí que es un grave problema. El agua de la superficie necesita hundirse para impulsar un modelo primario de circulación oceánica conocido como el “Gran Cinturón Transportador”.


Los océanos son una reserva global y un agente de redistribución de elementos de vital importancia para el sistema climático de la Tierra, entre ellos el calor, el agua y el dióxido de carbono. Mientras que estos componentes se intercambian constantemente con la atmósfera, la sal es un elemento que, generalmente, se conserva en el océano.
    

Temperatura del agua del mar (aportado por el Modo de Circulación Oceánica OCCAM). La imagen nos muestra cómo el agua cálida de la corriente del Golfo se mueve hacia el oeste y norte en dirección al Ártico, pasando por Escocia, Noruega y por la costa oeste de Spitzbergen. Esta agua cálida facilita calor y humedad a la atmósfera, haciendo que el clima en estos países en el Atlántico Norte sean más calientes y húmedos de lo que hubiesen sido si fuera de otro modo. (Por cortesía del Centro Oceanográfico Nacional de Southampton).  

Los cambios en la distribución oceánica del agua salada, probablemente debido a un calentamiento global, alteran el equilibrio de la climatología terrestre. Como resultado de estos cambios, la Corriente del Golfo, es decir, el Gran Cinturón Transportador, podría detenerse o ir al revés y, por ello, conseguir que la parte Oeste de Europa pase a tener un clima similar al de Alaska.

El Gran Cinturón Oceánico depende de la salinidad del agua. Si se pierde la salinidad y el sistema de circulación cesa, el clima podría cambiar drásticamente.

 

 

 

La circulación global oceánica entre aguas frías y profundas y aguas cálidas y superficiales influye notablemente en los climas regionales de todo el mundo. (Imagen por cortesía del Laboratorio Nacional de Argonne y NASA).

 

 

 

El agua que está a un nivel bajo con respecto a la superficie fluye a través del suelo oceánico hacia el ecuador, mientras que las aguas superficiales cálidas de las latitudes tropicales fluyen hacia arriba para reemplazar al agua que se hunde. De esta manera el transportador se mantiene activo. Un aumento en la cantidad de agua dulce podría evitar el hundimiento de las aguas superficiales del Atlántico Norte, disminuyendo o, incluso,  deteniendo esta circulación.

Si el Gran Cinturón Transportador se detiene de pronto, ya no importará la causa sino que tendríamos que atenernos a las consecuencias.

Los científicos desconocen cuáles son exactamente los motivos que están cambiando el clima global, pero tampoco saben cuál pudo ser la causa de un drástico cambio climático de la Tierra en el pasado. Aunque sí que existen pruebas científicas de su existencia.  El brusco cese del funcionamiento del Transportador devolvió al mundo a un período de condiciones climáticas llamadas “Younger Dryas”.


Dryas Octopetala, la flor por la que se denominó la era Younger Dryas.

Este “Younger Dryas” es la prueba en la historia de nuestro planeta de un cambio climático drástico y brusco. Sucedió justo al terminar la última Edad de Hielo, hace unos 12.000 años. El “Younger Dryas” duró alrededor de 1.000 años. Lo que la comunidad científica desconocía, hasta hace poco, es cómo comenzó y cómo se detuvo. Ahora se sabe que en un período de menos de 50 años, el clima de la zona este de los Estados Unidos, Canadá y la mayoría de Europa pasó por condiciones climáticas parecidas a las que vivimos actualmente, llegando a temperaturas gélidas parecidas a la Edad de Hielo, con un cambio de – al menos – 10 grados. Así se quedó durante unos 1.000 años hasta cambiar de nuevo en tan sólo 20 años.

Según los datos aportados por los estudios realizados en el Ártico, los acontecimientos que precedieron a ese cambio climático y al cese del transportador, - desgraciadamente - fueron iguales que los que están teniendo lugar en nuestros días.


Resumen del informe emitido por Andrew Marshall, El escenario de un brusco cambio climático y sus consecuencias para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos.

El cese del funcionamiento del transportador oceánico podría conducir a una era parecida a la vivida en la Tierra durante la llamada “Younger Dryas”, cuando los iceberg llegaron hasta las costas de Portugal. También podría ser que el transportador  vaya, temporalmente,  más lento causando una era parecida a una “pequeña Edad de Hielo”; tiempos de inviernos crudos, tormentas violentas y sequías. Este tipo de climatología causaría una devastadora hambruna, aunque sería mucho más leve que las consecuencias provocadas por una “Younger Dryas”.

El informe se basa en la posibilidad del cese del funcionamiento del transportador como consecuencia de una subida de las temperaturas. Supongamos que esto empieza a suceder en el año 2010. Los apuntes siguientes son algunas de las cosas que podrían tener lugar alrededor del año 2020:

Al principio, los cambios serían fácilmente confundidos con variaciones climatológicas normales, de forma que los escépticos tendrían opciones para justificar  los hechos y confundir a la población con su incertidumbre. Sin embargo, llegados al 2020, habría escaso margen para la duda.

La media de las temperaturas habría descendido hasta los 15 grados bajo cero en algunas zonas del Norte de América y Asia y hasta los 14 grados bajo cero en determinadas áreas de Europa. Tendrían lugar importantes sequías en lugares donde se practica la agricultura. La media de lluvia anual en el Norte de Europa descendería casi en un 30% y su clima se convertiría en algo parecido al de Siberia.



El número de tormentas violentas se vería incrementado conforme el transportador fuera llegando a su fin. Una tormenta más potente que las demás podría romper los diques oceánicos de contención en ciudades de Holanda, donde la vida resultaría imposible. En California, los diques de la isla en el río Sacramento se romperían, interrumpiendo  el sistema de transporte de agua de norte a sur.

Sequías azotarían los Estados Unidos, especialmente los estados del sur, que tendrían que soportar también fuertes vientos, con una media de un 15% más potentes que los actuales y causando tormentas de arena y pérdida de terreno.

Europa se vería seriamente afectada por un descenso acuciado en las temperaturas y se vería acosada por la llegada de inmigrantes procedentes de Escandinavia en busca de climas más cálidos en el sur. El sur de Europa sufriría el constante acoso y llegada de refugiados, procedentes de países muy afectados por el cambio, como por ejemplo África.

El cese del transportador afectaría principalmente al hemisferio norte de la Tierra.

Australia se manejaría bien, gracias a sus recursos y ubicación.

Japón, con menos recursos, sufriría un serio problema social viéndose el gobierno obligado a enseñar a la población a preservar los escasos recursos.

La extensa población de China y su gran demanda de comida la harían vulnerable. Azotada por impredecibles monzones, las lluvias arrasarían el país en las zonas anteriormente castigadas por la sequía.

Otras zonas de Asia y el este de África sufrirían catástrofes similares. Gran parte de Bangladesh se convertiría en inhabitable debido a la subida del nivel del mar, lo que contaminaría las provisiones de agua en el interior.

Conforme fuese avanzando la década, la historia demostraría que la humanidad es luchadora y que cuando se enfrenta al exterminio o a la lucha por la supervivencia, se enfrenta a lo que haga falta.

Los países del Este de Europa, incapaces de alimentar a su población, se verían forzados a invadir Rusia, ya debilitada por una población en decadencia, en busca de minerales y suministro de energía.

Muchos países lucharían para conseguir los derechos sobre los recursos naturales, la pesca, los ríos, el terreno que pueda ser arado, etc. El cambio climático originaría que los peces emigren a otras latitudes, cambiando los hábitats y, como consecuencia, las zonas de pesca.
Otros países se unirían para defenderse juntos ante la invasión de los demás.  Desgraciadamente, conseguir el poder y los recursos podría causar el uso de armamento nuclear en ciertos países con grandes necesidades.

Durante la última década, se han acumulado datos que sugieren que la probabilidad de un cambio abrupto de la climatología terrestre es elevado, mucho más que lo que la comunidad científica e, incluso la política, está preparada para aceptar.

Habría que plantearse cuándo van a tener lugar estos cambios, cuál será el efecto, cómo nos podemos preparar para ellos y no si esto va a suceder.

Los datos de la historia del planeta nos han demostrado que estos cambios han sucedido incluso sin la interferencia del hombre.

Científicos del Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido

Científicos del Centro Oceanográfico Nacional del Reino Unido han afirmado que el clima en Europa podría enfriarse en unas pocas décadas. Al parecer la corriente del golfo, el Transportador, se está debilitando, llevando menos calor al norte del globo terrestre.

En sus conclusiones, basadas en 50 años de observación del Atlántico y publicadas en la Revista Científica Nature, añaden que los políticos tienen que elaborar una planificación adecuada para el futuro que será más bien frío en lugar de más caliente. Sus investigaciones parten de los datos obtenidos por un proyecto británico denominado “Rapid”, cuya finalidad era la de recabar pruebas con respecto al rápido calentamiento global en Europa.

Asia. Ola de frío

Frío extremo que azotó el interior de Asia durante la primera semana de 2006. Se puede observar el efecto del aire frío sobre el terreno a través de las imágenes de la temperatura de la superficie tomadas por el MODIS entre el 1 y el 8 de enero de 2006. Los avances meteorológicos nos informan acerca de las temperaturas del aire, sin embargo, esta imagen muestra la temperatura del suelo. En las imágenes, las temperaturas del suelo están representadas por un color azul oscuro, como las temperaturas más bajas y amarillas, como las más cálidas. (Imagen de la NASA, creada por Jesé Allen, del Observatorio de la Tierra, utilizando datos aportados por cortesía de Z. Wan, del Equipo Científico Terrestre MODIS).

Una gran masa de aire Siberiano llegó hasta el sur de la India y al este, hasta Japón, envolviendo gran parte de Asia con temperaturas inusualmente muy bajas. China y la India se vieron afectadas.

En enero de 2006, extensas regiones de China, con temperaturas relativamente suaves durante el año 2005,  fueron mucho más frías.

En definitiva, la clave del problema del planeta radica en la corriente del Golfo, el  Transportador.

El riesgo de un repentino cambio climático continúa siendo incierto, sin embargo, también existe la posibilidad de que suceda. De hecho, puede que ya esté teniendo lugar. Por ello, deben tomarse medidas urgentes al respecto y admitirlo como un asunto prioritario de seguridad nacional.



Bibliografía:


La Ciencia, NASA http://ciencia.nasa.gov/
Consorcio para la Educación e Investigación Oceanográfica, CORE (página en inglés) http://www.coreocean.org
Extenso artículo informativo sobre el informe del Pentágono y datos varios (página en inglés) http://www.spiritofmaat.com
NASA, Sistema de Observación de la Tierra, Aqua. (página en inglés) http://aqua.nasa.gov/
Grupo Internacional de Conservación Mires, artículo escrito por John Covenberg y Hans Joosten sobre el cambio climático. (página en inglés) http://www.imcg.net
Observatorio del Monte Washington, Datos de campo en climatología (página en inglés) http://www.weathernotebook.org
Universidad de Chicago (página en inglés) http://www-news.uchicago.edu
Ciclos Climáticos (página en inglés) http://calspace.ucsd.edu
Centro Oceanográfico de Southampton (página en inglés) http://www.noc.soton.ac.uk
BBC (página en inglés) http://news.bbc.co.uk